martes, 4 de noviembre de 2008

Trata sobre el error del Doctor Hank



El Dr. Hank perdió la cabeza, no por nadie ni alguna de esas subjetividades a las que se refieren los enamorados cuando se proponen ser cursis, tampoco voluntariamente, ni se sabe el lugar, hora o procedimiento preciso; al decir que el Dr. Hank perdió la cabeza es porque simple y llanamente, perdió la cabeza. De no ser porque su esposa grita al amanecer escandalizada por ver un bulto decapitado en el lugar de su cónyuge , él mismo no se habría dado cuenta de su ausencia. Incluso le parecía increíble poder caminar con toda seguridad por lugares públicos y comer en un restaurante como cualquier otro mortal aun a reserva de su cabeza, no pregunten cómo le hacía para engullir alimentos pues él mismo lo desconoce, pero puedo contarles que la gente se sorprendía al mirar comida flotante en el aire y desintegrarse en partículas mezcladas con espumarajos de saliva para terminar desviándose por su garganta invisible. También podía hablar con su cuerpo y sus manos y tuvo que verse obligado a aprenderse el lenguaje dactilológico para poder comunicarse a través de señales, solía recurrir a este método salvo cuando había alguna idea que no pudiese expresar, y es entonces cuando tomaba una hoja de papel y escribía o dibujaba según la complejidad.

Para él, la vida sin cabeza en lugar de atormentarle le parecía más interesante, hasta un día antes era un simple doctor en ciencias que pasaba inadvertido sin honor ni gloria, en cambio después del suceso, imprevisible, cabe señalar, su vida dio una vuelta total para situarlo en su misma ciudad como un fenómeno digno de la atención de hasta el personaje más despistado. El único inconveniente es que las madres tuvieran que taparles los ojos a sus hijos cuando él pasaba por las calles para evitarles el pánico o ahorrarse la respuesta a preguntas incómodas como: “¿por qué ese señor no tiene cabeza?”, ya me imagino a las pobres madres sudando de impotencia al intentar justificar una cuestión que ni ellas mismas comprendían; peor situación era el tener que lidiar con jóvenes que lo fastidiaban lanzándole piedras o gritándole provocaciones como “¡señor cabeza hueca!”; no era divertido tener que recurrir a la típica técnica de correr tras sus agresores tal cual monstruo de horror como única defensa.

Aunque el Dr. Hank careciera de cara, él podía ver perfectamente la luna y las estrellas, leer un buen libro, oler el aroma de las rosas o degustar un chocolate en forma de huevo, sus favoritos; finalmente el verdadero problema no era la falta de cabeza, como la gente a su alrededor lo pensara, o como por falta de detalles este relato lo hiciera creer, el meollo del asunto era ser poseedor de una cabeza invisible a los ojos ajenos resultado de un experimento que emprendió en su laboratorio cuando untándose una pomada que llamó “invisibilina” buscaba remediar sus defectos faciales.

¡Pobre Doctor Hank!, por un momento olvidó que el hombre no puede ir en contra de su naturaleza y por estar procurando una solución a un problema irreal, la pomada actuó con el mismo efecto que la perfección inexistente.

El Doctor Hank perdió la cabeza, no por nadie ni alguna de esas subjetividades a las que se refieren los enamorados cuando se proponen ser cursis, tampoco voluntariamente, ni se sabe el lugar, hora o procedimiento preciso; al decir que el Dr. Hank perdió la cabeza es porque la encontró en su laboratorio, anclada a un asta de acero y con una frase en cursiva grabada en la frente:


“Morir es un error”



®Adrián Mariscal-2008

5 comentarios:

Suel dijo...

El pobre doctor Hank debería no hacer caso del resto del mundo y vivir la vida como le de la gana, con cabeza o sin ella, que eso es lo de menos.
Este se acaba de convertir en mi post favorito (se ve que tengo debilidad por las cabezas humanas...)

Chesend dijo...

me encanto la historia, tus letras me pusieron mil imágenes en la cabeza...

dvd dijo...

Delicioso y kafkiano dilema el del pobre Hank. A lo mejor no le hacía tanta falta la cabeza... quién sabe.

Lúcida dijo...

Debería haber perdido con ella todos los sentidos que le hacían sentirse diferente.

Justo dijo...

Se ahorra: los dolores de cabeza, la vista cansada cuando se haga mayor, tener que peinarse y cortarse el pelo -y la desazón de quedarse calvo-, y el dinero en cremas hidratantes y el miedo que da ir al dentista y el dinero que cuesta..

Pero se pierde los besos en la boca, el sabor del chocolate crujiente, y de la sopa reponedora, y el maravilloso sentido del olfato cuando percibes a tu persona amada..

Me gustó mucho.